Paraguay está demostrando que sí.
El reporte WARC Creative Equity confirma que las marcas que construyen creatividad de manera sostenida generan mayor valor en el tiempo. Pero más allá del dato, lo interesante es cómo algunos mercados están entendiendo que la creatividad no es solo ejecución: es posicionamiento cultural.

En Paraguay vemos una transición clara. Ya no se trata solo de hacer campañas impactantes, sino de integrar múltiples códigos culturales en una misma narrativa. Lo urbano convive con lo tradicional. Lo digital dialoga con lo comunitario.
- Tigo conecta desde la cotidianidad real. Lo hace aterrizando su marca en códigos de conectividad que forman parte de la vida diaria: campañas, contenidos y activaciones que hablan desde el uso real del usuario paraguayo, no desde una promesa abstracta de tecnología.
- Pilsen convierte lo popular en orgullo compartido. Lo logra apropiándose de espacios donde esa cultura se vive en colectivo, celebraciones, fútbol, encuentros sociales y transformando esa energía en una expresión de identidad que la gente siente como propia.
- Shopping Mariscal activa experiencias donde la ciudad se reconoce a sí misma. Lo hace abriendo su espacio a encuentros urbanos, culturales y comerciales donde la gente no solo consume, sino que convive, participa y se ve reflejada.
Cuando una marca integra culturas, la experimentación deja de ser riesgo y se vuelve ventaja. Las ideas no solo llaman la atención; construyen pertenencia.
Desde nuestra experiencia en América Latina y el Caribe, lo confirmamos: la creatividad multicultural no fragmenta la marca, la expande.